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Arda
El nombre en Alto elfo que designa al mundo tal y como lo concibió
Ilúvatar y como le dieron forma los Valar. Incluía las regiones mortales de la Tierra
Media y el reino inmortal de las Tierras Imperecederas.
Tierra Media
El gran continente de la Tierra Media tomó forma en los primeros
días del mundo de Arda. Quedaba al este del otro gran continente, el de Aman, que era
denominado más a menudo Tierras Imperecederas y que estaba separado de la Tierra Media
por Belegaer, el Gran Mar. Al final de la Segunda Edad del Sol, cuando Númenor fue
destruida, las Tierras Imperecederas fueron arrancadas de las Esferas del Mundo. La Tierra
Media, las tierras mortales, permanecieron, aunque muy alteradas, y siguieron cambiando
con el paso de las edades. Acabó convirtiéndose en Europa, Asia, África, América y
Australia.
Tierras Imperecederas
El gran continente de Aman, en el extremo occidental de Arda, recibía
más a menudo el nombre de Tierras Imperecederas. Como ésta era la tierra de los
inmortales Valar, Maiar y eldar, el nombre resultaba bastante apropiado. Se componía
básicamente de dos reinos: Valinor, hogar de los Valar y Maiar, con su capital de
Valimar, y Eldamar, el hogar de los elfos vanyar, noldor y teleri, con sus capitales de
Tirion y Alqualondë. Tras el Cambio del Mundo, las Tierras Imperecederas fueron llevadas
a un lugar que escapa a la comprensión de los mortales. A partir de entonces, sólo
podía llegarse a ellas navegando en los mágicos barcos blancos de los elfos, siguiendo
el Camino Recto que los llevaba más allá de las Esferas del Mundo.
Valinor
El primer reino de los Valar y Maiar dentro del mundo fue Almaren. Su
segundo reino fue Valinor, el «país de los Valar», en el vasto continente occidental de
Aman. Protegido en tres de sus lados por las enormes montañas Pelóri, y limitado por el
mar de Ekkaia en el oeste, los Valar y Maiar construyeron la ciudad de Valimar y plantaron
los Árboles de la Luz, que iluminaban todo su reino, hasta las montañas Pelóri. Tras la
destrucción de los Árboles de la Luz, los Valar crearon el Sol y la Luna que colocaron
en el cielo y que iluminaban el mundo entero. Valinor estaba presidida por las enormes
mansiones y los territorios de los Valar y de sus ayudantes, los Maiar. La más
impresionante era Ilmarin, la mansión de Manwë, Señor del Viento, y de Varda, Reina de
las Estrellas, ubicada en la cima de Taniquetil, la montaña más alta de Arda. Después
de la destrucción de Númenor y el Cambio del Mundo en la Segunda Edad del Sol, Valinor,
con el resto de las Tierras Imperecederas, quedó fuera del alcance de aquellos que
viajaban desde las tierras mortales, con la excepción de las mágicas naves de los elfos
que podían navegar más allá de las Esferas del Mundo.
Valimar
En el centro de Valinor, en las Tierras Imperecederas, se encontraba la
ciudad de los Valar y los Maiar. Se llamaba Valimar, «el hogar de los Valar», y estaba
llena de mansiones de piedra blanca, con cúpulas de plata y torres de oro. La ciudad era
famosa por la música celestial de sus muchas campanas de plata y oro. Delante de sus
blancas murallas y de la puerta dorada de Valinor se encontraba Máhanaxar, el Anillo del
Juicio, donde se alzaban los tronos de los Valar formando un gran círculo de asamblea. Y
allí también, durante muchas edades, se encontraba el hermoso montículo verde de
Ezehollar, sobre el que crecían los Árboles de los Valar.
Eldamar
Las tierras de los eldar o Altos elfos, en las Tierras Imperecederas,
recibieron el nombre de Eldamar, el «hogar élfico». Aquí vivían los más grandes de
entre las tres razas de los vanyar, noldor y teleri, en compañía de los grandes poderes
valarianos. Eldamar era la parte de las Tierras Imperecederas que quedaba al este de
Valinor y al oeste del Gran Mar. Fue fundada en la Segunda Edad de los Árboles de los
Valar, cuando los primeros eldar llegaron a las Tierras Imperecederas. Su territorio se
extendía a ambos lados de las enormes montañas Pelóri e incluía vastas tierras
fértiles al oeste de las montañas, iluminadas eternamente por los Árboles de la Luz, el
Calacirya o Paso de la Luz, las tierras costeras al este de las montañas, iluminadas tan
sólo por las estrellas sobre la bahía de Eldamar, y la gran isla de Tol Eressëa. Allí
se encontraban multitud de ciudades y asentamientos, pero Tirion, construida sobre la
colina de Túna en medio del Paso de la Luz, era la ciudad principal de los vanyar y los
noldor, y la más grande. También estaba la fortaleza noldor de
Formenos, en la tierra de la luz, y las ciudades teleri de los elfos marinos de
Alqualondë en la costa, y Avallónë en Tol Eressëa. Las tierras y ciudades de Eldamar
eran incomparablemente ricas y hermosas. Sus ciudades estaban hechas con piedras y metales
preciosos. Sus cosechas de grano y frutos eran abundantes y sus habitantes, felices,
ingeniosos y sabios. Se había llegado a asegurar que hasta las costas de Eldamar estaban
sembradas de diamantes, ópalos y otros cristales. Tras el cataclismo de Númenor y el
Cambio del Mundo al final de la Segunda Edad del Sol, Eldamar, con el resto de las Tierras
Imperecederas, fue sacada de los Círculos del Mundo y llevada más allá del alcance de
los mortales que pudieran perjudicarla.
Beleriand
Hasta que se sumergió a comienzos de la Segunda Edad
del Sol, Beleriand se encontraba al oeste de las Montañas Azules, en la parte más
noroccidental de la Tierra Media. Todos los eldar atravesaron Beleriand durante el Gran
Viaje, pero los teleri se quedaron allí más tiempo mientras esperaban a que Ulmo, Señor
de los Océanos, los llevara a las Tierras Imperecederas. De hecho, no todos partieron.
Los sindar, o elfos grises de Doriath, y las Falas se quedaron durante las Edades de las
Estrellas y crearon maravillosos reinos. También del este llegaron otros restos del
pueblo de los teleri, los elfos laiquendi, quienes se establecieron en las cuencas
fluviales de Ossiriand, justo al este de las Montañas Azules. Más tarde, durante la
Primera Edad del Sol, los elfos noldor que regresaron de las Tierras Imperecederas crearon
los reinos de Nargothrond, Himlad, Thargelion, Dorthonion, Gondolin, Mithrim, Dor-lómin,
Nevrast y Beleriand Oriental. Además de los elfos, existían los dos reinos enanos de
Belegost y Nogrod, varias tribus nómadas de hombres y por último las fuerzas invasoras
de los orcos, balrogs, dragones y otros monstruos que salían del reino maligno de
Angband, creado por Morgoth, y que llevarían la ruina a todos los reinos élficos durante
la Guerra de las Joyas. Esto provocó la Guerra de la Ira, en la que los propios Valar
acudieron para acabar con Melkor, pero, en su transcurso, Beleriand quedó hecha pedazos y
se hundió en el mar.
Tirion
En las Tierras Imperecederas, los elfos noldor y vanyar construyeron la
primera y mayor ciudad de Eldamar. Era ésta Tirion de las torres blancas y las escaleras
de cristal. Se encontraba sobre la colina de Túna en Calacirya, el Paso de la Luz. La
ciudad estaba colocada de tal manera que los elfos no sólo podían vivir bajo la luz de
los Árboles y contemplar el mar, sino también, desde la sombra de Túna y de las altas
torres, ver las resplandecientes estrellas que brillaban sobre el mundo más allá de las
montañas Pelóri de Valinor. Muy adecuadamente, el nombre de Tirion significa en élfico
«atalaya», y quizá se refiera específicamente a la más alta de las torres que
recibía el nombre de Mindon Eldalióva y en la que se había colocado una gran lámpara
de plata. En el patio de esta torre se plantó Galathilion, el Árbol Blanco sagrado de
los eldar.
Alqualondë
Ciudad y puerto de los elfos teleri en Eldamar, en la costa de las
Tierras Imperecederas. Los teleri fueron la última de las Tres Razas de elfos que
partieron de la Tierra Media durante las Edades de las Estrellas. Eran los elfos del mar,
que amaban el océano por encima de todo lo demás y lo conocían hasta en el más mínimo
detalle. Eran los mejores marinos, que aprendieron el arte de la construcción de barcos
de los dioses marinos. Y así, en los mares que rodean Eldamar, los teleri navegaban en
sus naves, que tenían la forma de los cisnes de Ulmo, el Señor del Mar. Y de ahí viene
el nombre élfico de su principal ciudad, Alqualondë, que significa, en realidad,
«puerto de los cisnes». Alqualondë era una magnífica ciudad de mármol y perlas
construida bajo las estrellas en la costa de las Tierras Imperecederas, en una gran bahía
natural que acoge su gran flota de barcos cisnes. Sólo podía accederse a ella pasando
por el portal marino en forma de arco en la boca de la bahía.
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