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Orcos

Jinetes de lobos

    El «Libro Rojo de la Frontera Oeste» cuenta que algunos de los orcos de Rhovanion acudieron a la Batalla de los Cinco Ejércitos cabalgando a lomos de los lobos llamados huargos. Estos orcos recibían el nombre de jinetes de lobos por parte de hombres y elfos precisamente por utilizar a los huargos como montura, y formaban la caballería de las legiones orcas.

    Pero esta alianza de orcos y lobos no era una invención de esa edad, porque tanto los lobos como los orcos fueron creados por la malvada mano de Melkor, el Enemigo, en las Edades de las Estrellas. Las historias de Beleriand referentes a las últimas Edades de las Estrellas hablan de que los elfos sindarin de Beleriand combatieron contra los jinetes de lobos.

Medio orcos

    Entre los dunlendinos que, en la Tercera Edad del Sol, acudieron a Isengard para reunirse bajo el estandarte de la Mano Blanca de Saruman, hubo algunos cuya sangre, gracias a la hechicería de éste, se mezcló con la de los orcos y uruk-hai. Eran hombres de gran tamaño, con ojos de lince, malvados, y se los llamaba Medio orcos. Muchos se contaban entre los más fuertes de los seguidores de Saruman. Casi todos perecieron en la Batalla de Cuernavilla, bien ante los muros de la fortaleza o en el bosque de ucornos. Pero algunos sobrevivieron y acompañaron a Saruman en el exilio, incluso hasta las tierras hobbit de la Comarca, donde sirvieron al Mago caído hasta que murió.

Orcos

    Se dice que, en la Primera Edad de las Estrellas, Melkor cometió su mayor blasfemia en lo más profundo de los pozos de Utumno. Porque fue entonces cuando capturó a muchos miembros de la recién surgida raza de los elfos y los llevó a sus mazmorras, y con horribles actos de tortura concibió unas formas de vida terribles y horripilantes. De ellos crió una raza esclava de trasgos, que eran tan odiosos como hermosos eran los elfos.

    Fueron los orcos, una muchedumbre creada con formas desfiguradas por el dolor y el odio. La única alegría de estas criaturas era el sufrimiento de los demás, porque la sangre que corría por los orcos era negra y fría. Su forma achaparrada era horrible: encorvados, con las piernas zambas y rechonchos. Tenían los brazos largos y fuertes, como los simios del sur, y una piel tan oscura como la madera que ha sido carbonizada por el fuego. Poseían una gran boca con colmillos irregulares de color amarillento, lengua roja y gruesa, nariz y rostro chatos y anchos. Los ojos eran rajas carmesíes, como estrechas troneras en parrillas de hierro negro, tras las que ardieran brasas encendidas.Orco

    Estos orcos eran grandes guerreros, porque temían más a su amo que a cualquier enemigo, y quizá la muerte fuera preferible al tormento de una vida de orco. Eran caníbales y a menudo sus garras afiladas y sus colmillos babeantes se veían manchados con la amarga carne y la impura sangre negra de los de su propia raza. Poseían ojos con visión nocturna y habitaban en pozos y túneles inmundos. Su progenie surgía con mayor rapidez que la de ninguna otra raza de los pozos de reproducción. Al final de la Primera Edad de las Estrellas ocurrió la Guerra de los Poderes, en la que los Valar fueron a Utumno y la abrieron de par en par. Ataron a Melkor con una gran cadena y destruyeron a sus siervos de Utumno, y con ellos a casi todos los orcos.

    En las edades siguientes ocurrieron las grandes migraciones de los elfos y, aunque los orcos vivían en las regiones tenebrosas de la Tierra Media, no se mostraron abiertamente, de manera que las historias élficas no hablan de los orcos hasta la Cuarta Edad de las Estrellas. Para entonces, los orcos se habían vuelto inquietos. Salieron de Angband vestidos con armaduras de acero y puntiagudos yelmos de hierro. Llevaban cimitarras, puñales envenenados, flechas y espadas de hoja ancha. Fue así que, en la Cuarta Edad de las Estrellas, esta raza de forajidos se atrevió, junto a los lobos y licántropos, a entrar en la región de Beleriand, donde se encontraba el reino sindarin de Melian y Thingol. Como entonces los elfos no usaban armas de acero, acudieron a los herreros enanos y comerciaron para obtener armas de templado acero. Luego masacraron a los orcos o los ahuyentaron.

    Pero, cuando Melkor regresó, los orcos volvieron a salir de los pozos de Angband, hilera tras hilera, legión tras legión, en pie de guerra. En el valle del río Gelion se enfrentaron a los elfos grises de Thingol y a los elfos verdes de Denethor, y acabaron diezmados en esta primera batalla. Se alzó un segundo ejército de orcos que arrasó las regiones occidentales de Beleriand y asedió las Falas, pero las ciudades de los falathrim resistieron. De manera que el segundo ejército de los orcos se unió a un tercero y marchó al norte, a Mithrim, para acabar con los elfos noldorin. Pero los noldor eran mucho más fuertes de lo que jamás hubieran podido imaginar los orcos en sus pesadillas. Y, aunque resultó muerto Fëanor, el rey noldo, el segundo y tercer ejércitos de Melkor fueron completamente destruidos.

    Al comenzar la Primera Edad del Sol, las ambiciones de los orcos se vieron frenadas por la nueva luz del sol. Pero muy pronto, al abrigo de la oscuridad, los orcos surgieron en otro gran ejército. En la Batalla Gloriosa, las legiones orcas volvieron a ser aniquiladas. Pero el poder de Melkor creció, porque por medio de la magia negra crió más miembros de la raza orca, y además dragones, trolls y licántropos. Cuando creyó estar preparado, aquel poderoso ejército luchó en la Batalla de la Llama Súbita y los señores elfos fueron derrotados.

    Fue entonces cuando cayó Tol Sirion y cuando fueron asolados los reinos de Hithlum, Mithrim, Dor-lómin y Dorthonion. También se libró la Batalla de las Lágrimas Innumerables y los elfos y los edain resultaron completamente derrotados. En la Batalla de Tumhalad fue saqueado Nargothrond; Menegroth fue ocupada en dos ocasiones y las tierras de los elfos grises fueron devastadas. Por último cayó Gondolin, el Reino Oculto. Así la victoria de Melkor fue total.

    Pero el terror de aquella edad terminó por fin. Porque los Valar, los Maiar, los vanyar y los noldor de Tirion llegaron procedentes de las Tierras Imperecederas, y se libró la Gran Batalla. En ella fue destruida Angband y toda Beleriand se hundió en el mar hirviente. Melkor fue arrojado al Vacío para siempre.

    Aun así, los orcos sobrevivieron, porque una parte de esta raza permaneció escondida en sucios cubiles bajo oscuras montañas y colinas. Allí se reprodujeron, y acabaron acudiendo al general de Melkor, Sauron, quien pasó a ser su nuevo amo. En la Guerra entre Sauron y los elfos le sirvieron bien, lo mismo que en todas las batallas hasta la Guerra de la Última Alianza, cuando terminó la Segunda Edad con la caída de Mordor y de nuevo casi toda la raza orca fue exterminada. Pero, en la Tercera Edad del Sol, los orcos que permanecieron ocultos en lugares malignos y tenebrosos seguían viviendo. Sin amo al que servir, los orcos se dedicaron a hacer incursiones y tender emboscadas durante muchos siglos hasta que Sauron reapareció, en la forma de un gran ojo maligno.

    El poderío de los orcos creció primero en el Bosque Negro y luego en las Montañas Nubladas. En 1300, los Nazgûl reaparecieron en Mordor y en el reino de Angmar, en Eriador septentrional, y los orcos acudieron a ellos. Después de seiscientos años de terror, Angmar cayó, pero surgió el dominio maligno de Minas Morgul en Gondor, y de nuevo en ese lugar los orcos crecieron en número, durante los siguientes mil años, junto a los del Bosque Negro, las Montañas Nubladas y Mordor. Entonces Sauron creó una nueva raza de orcos mayores. En el año 2475, estas criaturas, los uruk-hai, salieron de Mordor y saquearon Osgiliath, la ciudad más grande de Gondor. Estos orcos tenían la estatura de un hombre, los miembros rectos y eran fuertes. Aunque seguían siendo verdaderos orcos -piel negra, sangre negra, ojos de lince, boca con colmillos y garras en las manos-, los uruk-hai no temían a la luz del sol.

    En los siglos posteriores, los uruk-hai y los orcos menores establecieron alianzas con los dunlendinos, los balchoth, los Aurigas, los haradrim, los Orientales de Rhûn y los Corsarios de Umbar. En el año 1980, Moria fue capturada por un poderoso demonio balrog. Con él estaban los orcos de las Montañas Nubladas, quienes, llenos de desprecio hacia el pueblo de los enanos, acudieron para habitar en la antigua ciudad de éstos, y mataron a todo aquel que se acercó al antiguo reino.    Pero, en el norte, ésta sería la perdición de los orcos, porque los enanos se enfurecieron tanto que buscaron la venganza a cualquier precio. Así fue que entre 2793 y 2799 se libró una guerra de exterminio que duró siete años y que se llamó la Guerra de los Enanos y los Orcos. En esta guerra, a pesar de que los enanos pagaron un alto precio, casi todos los orcos de las Montañas Nubladas acabaron muertos, y en la Puerta del Este de Moria se libró la terrible Batalla de Azanulbizar, en la que la cabeza del general orco Azog acabó clavada en una estaca.

    En el año 2941, tras la muerte del dragón Smaug, todos los guerreros orcos de Gundabad se dirigieron a Erebor y se libró la Batalla de los Cinco Ejércitos, a los pies de la Montaña Solitaria. Los orcos estaban mandados por Bolg del Norte, hijo de Azog, quien deseaba vengarse de los enanos, pero lo único que consiguió fue su propia muerte y la de todos sus guerreros.

    En la Guerra del Anillo, el último gran conflicto de la Tercera Edad del Sol, las legiones orcas lucharon por doquier. Pero todo se iba a decidir en una última batalla ante la Puerta Negra. Todas las fuerzas de Mordor se reunieron allí, y a una orden de Sauron se lanzaron sobre el ejército de los Capitanes del Oeste. Sin embargo, en ese mismo instante, el Anillo Único de Poder, que mantenía dominado a todo el mundo tenebroso de Sauron, fue destruido. Los siervos más poderosos de Sauron fueron consumidos por el fuego, el Señor Oscuro se convirtió en un humo negro que un viento del oeste disipó, y los orcos perecieron como la paja ante el fuego. Aunque sobrevivieron algunos, nunca volvieron a alzarse en gran número, sino que fueron decayendo y pasaron a ser un pequeño pueblo de trasgos que no poseía más que un atisbo de su antiguo poder maligno.

Snaga

    Entre los seres malignos que en las historias de la Tierra Media son conocidos como los orcos, hubo muchas razas, cada una al parecer adecuada a un tipo de maldad. La raza más común era la que en Lengua Negra recibía el nombre de snaga, que significa «esclavos». Los orcos, al ser criaturas llenas de odio, se despreciaban también a sí mismos, porque realmente eran una raza de esclavos y estaban a merced de los Poderes de las Tinieblas que los gobernaban.

Trasgos

    Las criaturas que los hombres llaman ahora trasgos son moradores de la oscuridad que fueron creados con malvadas intenciones. En tiempos más antiguos se los llamaba orcos. Eran de sangre negra, ojos rojos y carácter odioso; aunque ahora se han visto reducidos a cometer sólo pequeñas maldades, en otros tiempos fueron una raza dedicada a una terrible tiranía.

Uruk-hai

    En el año 2745 de la Tercera Edad salió de Mordor una nueva raza de soldados orcos, a quienes se llamó uruk-hai. Tenían la piel negra, al igual que la sangre, y ojos de lince; eran casi tan altos como los hombres y no le temían a la luz. Eran más fuertes y resistentes que los orcos menores, y más temibles en el combate. Llevaban armadura negra y escudos con el Ojo Rojo de Mordor.
Uruk-hai

    La creación de los uruk-hai se contaba entre los actos más terribles de Sauron. No se sabe qué método siguió éste para crearlos, pero demostraron estar bien preparados para su malvado propósito. Su número se multiplicó y se mezclaron con los orcos menores; a menudo se convirtieron en sus jefes o formaron legiones propias, porque los uruk-hai estaban sumamente orgullosos de su gran destreza en el combate y despreciaban a los siervos inferiores de Sauron.

    Cuando la hueste de uruk-hai cayó por sorpresa sobre los hombres de Gondor con lanzas y espadas, derrotaron a los hombres y saquearon Osgiliath, la incendiaron y derribaron su puente de piedra. De esta manera, los uruk-hai asolaron la principal ciudad de Gondor.

    Sin embargo, aquello no fue sino el principio del trabajo de los uruk-hai, porque estos grandes orcos fueron apreciados por los Poderes Oscuros y se dedicaron fervorosamente a cometer maldades. A lo largo de la Guerra del Anillo, los uruk-hai estuvieron en las fuerzas que salieron de Morgul y de Mordor. Y, bajo el estandarte de la Mano Blanca de Saruman, salieron en gran número de Isengard para ir a la Batalla de Cuernavilla. Pero, al llegar el fin de la guerra y la caída de Mordor, los uruk-hai fueron como paja ante el fuego pues, desaparecido Sauron, ellos, junto con los orcos menores y otras bestias malignas, vagaron sin amo y acabaron muertos u obligados a esconderse en lugares en los que sólo podían alimentarse los unos de los otros, o morir.


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